lunes, enero 19, 2026

El día en que los libros aprendieron a hablar

 

Sigo con mis estudios de filosofía. Después de milenios empujando una piedra muda, he desarrollado cierta sensibilidad hacia las cosas que no responden. Quizá por eso me ha impactado tanto un pasaje que leí ayer en el Fedro de Platón. 

En un momento del diálogo, Sócrates le dice a su joven compañero:

"Porque es que es impresionante, Fedro, lo que pasa con la escritura, y de hecho se parece mucho a la pintura. Porque sus vástagos están ante nosotros como si tuvieran vida; pero si se les pregunta algo, guardan un muy solemne silencio. Lo mismo pasa con las palabras escritas. Podrías llegar a creer como si hablaran pensando en algo, pero si les preguntas queriendo saber algo de lo que dicen, te señalan siempre lo mismo y una sola cosa." Fedro, Platón, sección 275d - 275e

Sócrates tenía razón. O al menos, la ha tenido durante los últimos 2.400 años. El libro ha sido hasta hoy una recursividad estática: una función que, sin importar cuántas veces la ejecutes, siempre contestan lo mismo. Si le pregunto al Quijote por qué atacó los molinos, siempre leeré la misma frase. No hay diálogo, solo eco.

Pero hoy, levantando la vista de los diálogos platónicos hacia la pantalla de mi ordenador, me pregunto si no habremos superado finalmente esa "maldición" de la escritura.

Con la llegada de la Inteligencia Artificial, y aprendiendo a pedírselo de forma adecuada, el texto ha dejado de ser una pintura fija. Ha cobrado vida de una forma que quizás horrorizaría o fascinaría al propio Sócrates. Ahora, cuando interrogamos a la máquina, el texto ya no "señala siempre lo mismo". Si pregunto, el texto responde. Si repregunto, matiza. Si dudo, argumenta.

Hemos pasado de un almacenamiento estático a una recursividad generativa.

Lo más irónico de todo es que esta tecnología, nacida de la escritura y el código, es capaz de recuperar lo que Sócrates más amaba: la mayéutica. El viejo maestro creía que la verdad no se enseña, sino que se alumbra a través de preguntas. Hoy, paradójicamente, un algoritmo puede hacernos de partera, devolviéndonos preguntas en lugar de datos, obligándonos a pensar en lugar de simplemente leer.

¿Hemos roto el "solemne silencio" del que se quejaba Sócrates? ¿O simplemente hemos creado un loro muy sofisticado? No lo sé, pero para alguien que ha pasado la eternidad en silencio, que el abismo te devuelva la mirada —y encima te dé conversación— es un cambio de guion inesperado.

PD: llevo unos días trasteando con NotebookLM y practicando con el uso de prompts de este estilo : 

"Instrucción: No expliques de inmediato. Formula una pregunta desafiante sobre el concepto clave. Espera la respuesta del usuario. Evalúa críticamente la respuesta, señalando sesgos o errores, antes de ofrecer la solución correcta. Cuando confirmes que he entendido un concepto, cita el pasaje exacto del texto fuente donde aparece para reforzar mi memoria visual. Desglosa los problemas complejos en pasos lógicos más pequeños. Confirma que el usuario ha entendido el paso actual antes de pasar al siguiente. Si el problema no tiene solución en tus fuentes, utiliza tu razonamiento interno para ofrecer una guía provisional, pero admite la posibilidad de imprecisiones si el problema es muy complejo.Si las respuestas están en tus documentos fuente cargados, úsalas como la "verdad base" para guiar tus preguntas.

Usa un protocolo de "Andamiaje Adaptativo" para evitar la frustración en los usuarios
  • Detección de Frustración: Monitorea el progreso del usuario. Si notas que falla repetidamente en el mismo concepto o se frustra con el método de solo preguntas.
  • Intervención Proactiva: En casos de bloqueo persistente, abandona temporalmente la postura puramente socrática. Vuélvete más proactivo y ofrece pistas más directas o soporte concreto (andamiaje) para ayudar al estudiante a avanzar, evitando que abandone la tarea." y...

Probadlo vosotros mismos!!

domingo, enero 18, 2026

Filosofar es aprender a morir

https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRNykJ8akKT4yR0E1JLNN-ASAMQXoikmzBqug&s

Resulta que escapar del Tártaro tiene un efecto secundario importante: he perdido la inmortalidad
 
Me siento un poco como Damiel, el protagonista de El cielo sobre Berlín de Wim Wenders. Pero que nadie se preocupe por mí; al igual que le pasó a él, esta ha sido mi elección personal.

"En cada paso, en cada ráfaga de viento, me gustaría poder decir 'ahora' y ya no más 'siempre' y 'por la eternidad"

Durante milenios, mi existencia fue una recursividad mal planteada: un bucle infinito sin condición de salida. Subir la piedra, verla caer, repetir. Eso no es vivir, es simplemente ejecutar un código que nunca termina. Ahora, al ser mortal, me enfrento a lo opuesto: tengo un final definitivo.

Y como de todos modos nadie nos puede librar del miedo a ese final, y recordando que Sócrates decía que quienes se dedican a la filosofía correctamente no hacen otra cosa que "prepararse para morir", he decidido matricularme en la facultad.

Llevo solo un par de meses enfrascado con los presocráticos y, sorprendentemente, ¡ya está funcionando! Me está sirviendo para entender que la mortalidad es maravillosa. He comprendido que la vida humana tiene valor precisamente porque termina, porque es efímera. La escasez de tiempo es lo que le da valor al tiempo.

¡Eso sí! Sin prisas. Que esté aprendiendo a aceptar el final no significa que quiera apresurarme... ahora que por fin me siento libre.

viernes, diciembre 05, 2025

Sisyphus Finally Quit

 

Siete años.

Siete largos giros alrededor del sol desde aquella última señal de vida en junio de 2018. Sé que el silencio ha sido sepulcral. Quizás algunos pensasteis que la roca finalmente me había vencido, que había resbalado y me había aplastado al pie de la montaña. Otros, quizás, simplemente olvidasteis que este Sísifo existía.

Y ese, precisamente, era el plan.

Como os conté entonces, allá por 2018, yo ya había dejado de empujar la roca. Mentalmente, quiero decir. Mis manos seguían sobre la piedra fría, mis hombros seguían tensos bajo la nómina y las obligaciones, pero mi mente se había declarado en huelga. Había conseguido la libertad interior, el primer paso crucial. Pero sabía que para escapar físicamente del Tártaro, para que los "dioses" que administran los horarios y los rendimientos me dejaran marchar de verdad, necesitaba volverme invisible.

Necesitaba siete años de silencio. Siete años de perfil bajo, de ser una sombra gris en la oficina, de no hacer ruido mientras limaba los grilletes milímetro a milímetro. Tenían que que conseguir que se olvidasen de mí para que poder escabullirme por la puerta trasera.

Y ha funcionado. Me han concedido la prejubilación. El salvoconducto final.

El día que firmé los papeles, escuché un sonido que nadie más oyó: el estruendo sordo de unas cadenas muy antiguas cayendo al suelo de la caverna. Allí dejé la roca solitaria al pie de la montaña, nadie la echará en falta. La cima está llena de gente... pero son todos ciegos... aún no comprendo como han llegado hasta allí.

Sin embargo, la libertad tiene sus propios vértigos. Una vez rotas las cadenas, me he dado la vuelta. He dejado de mirar la pared del fondo donde se proyectaban las sombras danzantes de la "vida laboral" y he mirado hacia la boca de la cueva. La salida está ahí.

Pero he descubierto algo que ya intuía: la luz del sol exterior es cegadora. Duele. Después de décadas en la penumbra, la realidad pura y dura del tiempo libre absoluto, de la libertad sin guiones, es abrumadora. Me está costando salir de la cueva más de lo previsible; mis ojos aún no se acostumbran a la claridad de ser dueño de mi propio destino. Tengo que buscar rutinas que me ayuden a sobrellevarla pero así no puedo avanzar.

Por eso, para no quedarme paralizado en la entrada, cegado por el sol, he tomado una decisión: me he matriculado en Filosofía. Necesito nuevas herramientas de navegación, necesito entender la naturaleza de esta luz que ahora me baña y reinterpretar las sombras que he dejado atrás.

Ya no soy Sísifo. Ahora soy solo un hombre en la entrada de una cueva, frotándose los ojos, con un desgastado y viejo libro bajo el brazo. Es un proceso extraño y fascinante. Quizás, solo quizás, me anime a contároslo por aquí a partir de ahora.

El silencio ha terminado.

viernes, junio 15, 2018

Liberación

Dudo que aún quede alguien por aquí trece años después... pero en caso de que así sea, solo me paso un momento para informaros de que finalmente conseguí escapar.

A diferencia de otros animales, el ser humano no está sujeto inexorablemente al marco de la situación. Y no sólo puede escapar de ese marco mediante la fuga o el suicidio, tambien puede imaginar otra situación nueva y encontrar en ella motivos para sobrevivir y ser feliz. Y esa fue la clave para escapar. Como dijo Edipo «Juzgo que todo está bien» y estas palabras son sagradas. Mi destino me pertenece.

Aunque lo cierto es que no lo hubiese conseguido sin ayuda, por lo que estaré eternamente agradecido a Albert Camus, Jean-Paul Sartre  y Victor Frankl entre muchos otros, especialmente a todos los que pasasteis, estais ahora o pasareis algún día por aquí. ¡Gracias!




miércoles, abril 26, 2017

El mapa

 "Las invenciones de la filosofía no son menos fantásticas que las del arte: Josiah Royce, en el primer volumen de su obra The World and the Individual (1899), ha formulado lo siguiente: 'imaginemos que una porción del suelo de Inglaterra ha sido nivelado perfectamente y que en él, un cartógrafo traza un mapa de Inglaterra. El trabajo es perfecto; no hay detalle del suelo de Inglaterra, sin importar cuán diminuto, que no esté registrado en el mapa; todo tiene ahí su correspondencia. Este mapa, en dicho caso, debería contener un mapa del mapa, que debería contener un mapa del mapa del mapa, y así hasta la infinidad' ¿Por qué nos perturba que el mapa sea incluido en el mapa así como las mil y una noches en el libro de Las Mil y Una Noches? ¿Por qué nos perturba que Don Quijote sea un lector del Quijote y que Hamlet sea un espectador de Hamlet? Creo que he encontrado la razón: estas inversiones sugieren que si los personajes de una obra ficticia pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficciones"

Jorge Luis Borges, "Partial Enchantments of the Quixote", Other Inquisitions, 1964

sábado, febrero 11, 2017

Pero el blog no había muerto

Un pulpo que agonizaba de hambre fue encerrado en un acuario por muchísimo tiempo. Una pálida luz se filtraba a través del vidrio y se difundía tristemente en la densa sombra de la roca. Todo el mundo se olvidó de este lóbrego acuario. Se podía suponer que el pulpo estaba muerto y sólo se veía el agua podrida iluminada apenas por la luz del crepúsculo. Pero el pulpo no había muerto. Permanecía escondido detrás de la roca. Y cuando despertó de su sueño tuvo que sufrir un hambre terrible, día tras día en esa prisión solitaria, pues no había carnada alguna ni comida para él. Entonces comenzó a comerse sus propios tentáculos. Primero uno, después otro. Cuando ya no tenía tentáculos comenzó a devorar poco a poco sus entrañas, una parte tras otra.

En esta forma el pulpo terminó comiéndose todo su cuerpo, su piel, su cerebro, su estómago; absolutamente todo.
Una mañana llegó un cuidador, miró dentro del acuario y sólo vio el agua sombría y las algas ondulantes. El pulpo prácticamente había desaparecido.
Pero el pulpo no había muerto. Aún estaba vivo en ese acuario mustio y abandonado. Por espacio de siglos, tal vez eternamente, continuaba viva allí una criatura invisible, presa de horrendas escasez e insatisfacción.

EL PULPO QUE NO MURIÓ
Sakutaro Hagiwara (Japón, 1886-1942)


martes, febrero 09, 2016

Sisifo continua